Las revelaciones, los giros de tuerca y los momentos de inspiración llegan siempre en los momentos más inesperados. Sí, reconozco el carácter de cliché de esta última frase, pero para explicar de manera sencilla como llegué a la resolución por la cual estoy redactando estas palabras necesitaba expresarlo así, con un lugar común, con alguna idea que resultará familiar, casi hollywoodense.
Hoy, durante mi cátedra de creación literaria, después de discutir con mis alumnos el contenido de “El Elefante” de Raymond Carver llegó a mi, como un violento mazazo, la necesidad de echarle un ojo a mi trabajo no porque tuviera relación con la obra del citado autor, sino porque me aterró la idea de llegar al espantoso estado de confort en el cual el personaje principal del relato se encuentra sumergido. La aceptación tan visceral de su situación de la cual sólo hay escapatoria mediante la catarsis simbólica representada por un “acelerón” puso el dedo en la llaga sobre el asunto del rumbo que tomarán mis fotografías en los próximos meses o años.
Seguí el consejo expuesto por Guillermo Samperio en su libro “Después apareció la nave” sobre la necesidad de revisar el trabajo realizado, algún tiempo después, con la finalidad de pulir aquellos detalles que pudieran no encajar del todo en la versión final de una obra. Aunque Samperio hace alusión al campo de la narrativa, específicamente a la del cuento, considero que se puede aplicar esta premisa a cualquier área del arte, sin caer en la exagerada autocrítica o en la completa anulación de algo cuyo discurso ya había sido asimilado y aceptado por un público multitudinario o muy específico.
Llevo ya algunos años dedicándome a este asunto de la fotografía y debo confesar que no me sentía cómodo con los resultados de algunas de mis obras, confieso también que me encontraba en un periodo de búsqueda, incluso de batalla (aún desconozco con quién) por demostrar mi dominio absoluto sobre algunas herramientas de edición y diseño, ello me condujo a centrarme más en la técnica que en aquello que necesitaba ser dicho, por lo cual se nota un dejo de torpeza en la ejecución de ciertos detalles, muy visibles para el ojo crítico.
Me encuentro en un momento de evaluación y autocrítica, también en un momento de cierre de ciclos, tal vez a la usanza de los personajes de “El Elefante” esté esperando la llegada del verano como una promesa de nuevo comienzo, tal vez necesitaba este momento de revelación inesperada para ponerme al corriente sobre los asuntos importantes en este momento de mi vida.
Por cierto, dejo aquí el vínculo a mi galería virtual permanente, para culminar con este asunto y seguir adelante, también dejo testimonio de las últimas actividades a las cuales le he prestado mayor atención estos meses, una pequeña muestra de mi trabajo con esculturas de 110 mm.
No les había presumido como quedó. http://t.co/epo2QPP—
Alejandro Herrera (@imaginofago) August 13, 2011
Acá el link de la galería virtual: IMAGINOFÁGIAS













